La regla o canon de la fe es un concepto análogo a la regla o canon de la Escritura. Debe haber una vara, recta y justa con la cual evaluar si una doctrina se ajusta o no a la enseñanza apostólica. Dicha regla debe poder ser establecida con criterios de verdad e infalibilidad, puesto que debe ajustarse a la verdad e infalibilidad de lo enseñado por Cristo y sus apóstoles. Por tanto hay relación entre la infalibilidad de las Escrituras, de la iglesia y del papa.

Los contenidos son tomados del siguiente libro:

LECCION III

INFALIBILIDAD DE LA IGLESIA

P. Toda vez que me habéis demostrado que la única iglesia verdadera es la católica; de ahora en adelante siempre que haya de nombrarla, diré solamente la iglesia. Pero vamos a otra cosa: ¿Cómo me probareis que la iglesia es infalible?
R. Si mal no me acuerdo, os lo he probado ya al citar las palabras textuales del mismo Jesucristo, quien aseguró que jamás las puertas del infierno prevalecerían contra la iglesia que él había fundado sobre San Pedro, como a base visible y jefe supremo de la misma en la tierra. A más de que, como también os he dicho ya, Jesucristo manifestó a sus Apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo, a fin de que permaneciera eternamente con ellos, y que él mismo se quedaría hasta la consumación de los siglos, esto es, hasta el fin del mundo. Todo esto dijo Jesucristo; y todo seria falso, si la iglesia no fuera infalible. Para mayor confirmación de esto, os añadiré ahora las palabras del Apóstol, que llama a la iglesia columna y apoyo de la verdad. Es evidente que ninguna de estas cosas podría verificarse, si la iglesia pudiese errar en punto al dogma o a la moral, y por consiguiente, inducir a los fieles en error.
P. Perdonadme si os interrumpo: ¿ todo lo que me decís, se encuentra en la Biblia?
R. ¡Y cómo que se encuentra! y aun escrito en letras de a palmo.
P. ¿Pues cómo los protestantes, hasta los sabios, no aciertan a encontrarlas?
R. ¿Sabéis por qué? Porque cierran expresamente los ojos: leen en la Biblia lo que no está, y no descubren lo que realmente está. Asi lo han hecho siempre los herejes con sus interpretaciones violentas, y con sus frívolas sutilezas. Por esto es que los herejes de todos los tiempos han proclamado la Biblia por única regla de fe: porque fuerzan y violentan de tal suerte el sentido de sus palabras, que al fin logran hacerla decir lo que ellos quieren.
P. Todavía tengo que haceros otra pregunta: ¿dice la Biblia clara y terminantemente, que la Iglesia es infalible.
R. Lo que es en estos términos precisos, no; de la misma manera que tampoco dice en palabras textuales, que en Dios hay tres personas distintas; y con todo, los protestantes, que se dan el nombre de ortodoxos} admiten este artículo como de fe; por consiguiente, según ellos mismos, basta que en la Biblia se lean palabras equivalentes. Preguntad a cualquiera de sus doctores más sabios, si dicen los libros sagrados, ¿ Jesucristo es infalible, los Apóstoles fueron infalibles? De seguro que todos os contestarán que no, porque en efecto estas palabras terminantes ninguno de ellos os las podrá enseñar: sin embargo, admiten ambas cosas en sus creencias. Por qué, pues, no se’ ha de admitir también que es infalible la Iglesia, aunque la Sagrada Escritura no lo diga expresamente, cuando está atestada de otras expresiones que, en diferentes términos, vienen a decir lo mismo?
P. En esto os sobra razón; pero decidme: ¿la infalibilidad de que me habíais ¿ compete a toda la Iglesia?
R. Vamos despacio: tomada en un sentido, compete a toda la Iglesia; y tomada en otro, compete tan solo a aquella parte de Iglesia que se llama docente
P. Hacedme el favor de explicaros con alguna mayor claridad, porque, hablando francamente, no acabo de comprenderos.
R. He aquí cuál es mi idea. Si la Iglesia se considera tomada en su conjunto, esto es, si por Iglesia se entiende la Reunión del Papa, Obispos, clero y demás fieles, como quiera que todos ellos de tal suerte creen las mismas verdades de fe, que es imposible que dejen de creerlas; en este sentido compete la infalibilidad a toda la Iglesia. Pero si se trata de ensenar, o de decidir cuestiones, dudas o controversias, la infalibilidad compete a los supremos pastores de la Iglesia, es decir, a los Obispos unidos con su Jefe supremo, el Sumo Pontífice. Todo cuanto ensena, decide, o define el Episcopado católico teniendo a su frente al Soberano Pontífice, tocante a cosas de dogma o de moral, debe creerse como cosa de fe; porque aquel cuerpo docente, esto es, aquella Reunión ele Obispos junto con el Pontífice, es infalible; y los fieles a quienes se dan estas doctrinas, y se proponen estas decisiones o definiciones, están obligados a creerlas como cosa dogmática. La parte que enseña se llama Iglesia docente, y tiene la infalibilidad activa’, y los fieles a quienes enseña, se llaman Iglesia discente o que aprende, y este tiene la infalibilidad pasiva; de lo cual resulta, que en la Iglesia tomada en su totalidad, reside la infalibilidad plena y absoluta.
P. Ahora sí que os he entendido bien. Sin embargo, me ocurre una duda, y es que he oído decir a algunos protestantes, o a estos que buscan prosélitos , que los católicos son uno necios, puesto que andan predicando a boca llena la infalibilidad de su iglesia, y luego no saben decir en quién reside tal infalibilidad: unos, aseguran que reside en el Concilio; otros, sostienen que reside en el Papa; en fin, ello es que nunca llegan a ponerse de acuerdo. E. Quienes son realmente necios son los protestantes, porque se meten en lo que no les atañe, y se echan a hablar de lo que no entienden. Los católicos todos, dicen a una voz y creen, que el Papa y los Obispos reunidos son infalibles, y que en este conjunto reside la infalibilidad que prometió Jesucristo a su iglesia. En cuanto a la otra cuestión, de si el Papa <por sí solo o los Obispos, también por sí solos son igualmente infalibles, no es cosa de dogma; es como si dijéramos una cuestión doméstica o de familia, en la que por ningún título deben entrometerse los extraños. Por lo demás, si he de manifestaros francamente cual es mi dictamen, os diré en primer lugar, que esta es más bien cuestión de palabras que otra cosa; porque de hecho, nunca sucede que el Papa esté separado, ni mucho menos que sea contrario a todos los Obispos, o bien que estos lo sean al Papa, o cuando menos que estén separados de su Santidad. Esto en cuanto a la teoría; pues, por lo que respeta a la práctica, son siempre los Obispos los que piden al Sumo Pontífice la última decisión en los asuntos dogmáticos. En segundo lugar, os diré, que la opinión más común es de que, cuando el Papa habla ex cathedra, esto es, solamente en cosas de fe y se dirige a toda la Iglesia, es infalible, y con su autoridad inapelable dirime todas las controversias.
P. Ya veo que tenéis razón; pero he oído decir otra cosa , y es que esta infalibilidad de la iglesia no es de fe, porque la iglesia misma jamás se ha atrevido a definirlo como a tal. ¿Qué contestáis a esto?
R. ¿ Qué queréis que conteste? Que esta es otra de las necedades, muy parecida a la primera, que propalan a voz en grito los protestantes. Ellos parten de un principio falso, suponiendo que solo es de fe lo que la Iglesia ha definido expresamente; pero lo cierto es que hay muchos artículos, que los religionarios llamados ortodoxos admiten como dogmas, lo mismo que los católicos, sin que jamás la Iglesia los haya definido terminantemente. Tales son, por ejemplo, que Jesucristo se haya ofrecido a sí mismo en sacrificio en el Calvario; que con su muerte haya dado a Dios una cumplida satisfacción por nuestros pecados; que en su vida mortal haya sido verdadero sacerdote; y otros semejantes, que son de fe en contra de lo que pretenden los Socinianos. Pues lo mismo sucede con respecto a la infalibilidad de la Iglesia, que es artículo de fe aun cuando no haya sido terminantemente definida como tal. La Iglesia, desde su origen, ha estado en posesión de la infalibilidad; y en virtud de ella en todos los siglos ha definido los dogmas: cosa que a buen seguro no hubiera podido hacer no siendo infalible. Es esta una cualidad que nadie ha puesto jamás en duda sino los herejes; bien que para ellos seria de todo punto inútil tal definición expresa, porque si la Iglesia, según pretenden, no es infalible, también podría errar al definir su infalibilidad. Y, sin embargo, es bueno que sepáis que en el Concilio de Trento, la Iglesia definió su infalibilidad, si no directa, al menos indirectamente.
P. Lo que acabáis de decirme me deja convencido, de que realmente la necedad está de parte de los herejes. Solo me queda que exponeros otra duda; a saber: que así como la Iglesia -es santa, y a pesar de esto son muchos los que, abusando de su libertad, pecan, y por cierto muy gravemente; de la misma manera puede suceder que la Iglesia incurra en error por abuso de libertad, aunque sea infalible; y siendo así, adiós infalibilidad: es duda que me han puesto en la cabeza, y no hay forma de que se me desvanezca.
R. Espero que pronto quedará desvanecida Calculad tan solo, que quien habla de esta suerte confunde dos cosas muy distintas entre sí, esto es, la regla o norma, y la conformidad práctica con la regla. Aquella debe ser recta e infalible, tanto por lo que mira a la fe, como a la moral, y tal nos la da indefectiblemente la Iglesia; más la conformidad práctica con la regla está al arbitro de cada uno, y de aquí dimanan los pecados contra la fe, y contra las costumbres. La Iglesia, empero, no por esto deja de ser siempre santa e infalible, porque su santidad y su infalibilidad no dependen de la voluntad de los hombres, sino de la asistencia que Dios le ha prometido.
P. Ahora bien; ¿ qué consecuencias sacáis de cuanto me habéis enseñado?
R. Saco muchas, y a cual más importante; voy a ponerlas a la vista una por una.

1. a Sentada la infalibilidad de la Iglesia, saco por consecuencia que todas las sectas cuyas doctrinas y dogmas condena, están en el error y en la herejía.

2. a Deduzco también, que todas cuantas doctrinas se sostengan o propalen contra las de la Iglesia, serán otras tantas herejías que nunca podrán justificarse, ni con razones aparentes y especiosas, ni menos con textos de la Biblia, en que algunos se obstinan en apoyar y defender sus errores.

3. a Que todas las controversias parciales sobre algún punto en particular; por ejemplo, sobre la santa misa, la confesión, etc., etc., son errores contra la sana lógica. 4. a Que todos y cada uno de los fieles, ya sean sabios , ya ignorantes, están obligados bajo pecado gravísimo a someterse ciega y humildemente el magisterio de la Iglesia; de manera que resistirse a sus preceptos, es un acto de rebeldía y orgullo intolerable contra Dios, que es quien nos la ha dado por maestra infalible en lugar suyo, y nos la ha señalado como regla de fe que hemos de seguir sin titubear.

5. a Por última consecuencia deduzco, que todos los que bajo cualquier pretexto, de palabra o por escrito, procuran difundir e inculcar ideas contrarias a las doctrinas de la Iglesia, deben ser tenidos por herejes o protestantizantes; y por lo mismo, es preciso separarse de ellos como impostores y seductores, rechazando con horror los libros que tales j entes suelen regalar; y si se han admitido sin saber lo que contenían, o se tiene alguna duda acerca de si sus doctrinas son contrarias o no a lo que nos enseña la Iglesia, es menester entregarlos desde luego al cura-párroco o al confesor para que los examine; porque los que siembran tan mala semilla y esparcen tales libros, tenedlo entendido, son otros tantos lobos rapaces que intentan hacer presa de nuestras almas para ponerlas en poder del demonio.


You may also like

Page 1 of 2