En este video te explicamos cómo se expandió el protestantismo por el mundo, cuáles fueron sus métodos y algunas de sus consecuencias

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LECCION IV.

DE LOS AUTORES Y PRIMEROS PROPAGADORES DEL PROTESTANTISMO.

P. Con tales doctrinas, ¿cómo pudieron los jefes de la Reforma encontrar secuaces? E. Les fue mui fácil, porque halagando con ellas todas las pasiones del hombre, especialmente el orgullo y el apetito de la carne y de los bienes de fortuna, tuvieron pronto por discípulos a cuantos quisieron satisfacer sus pasiones; y si prestáis atención, encontrareis que, aun ahora, los que se hacen protestantes y abandonan el Catolicismo, están mui lejos de ser j ente buena.
P. ¿Quiénes fueron los primeros discípulos y propagadores de la llamada Reforma o protestantismo?
R. Fueron los que más se asemejaron a sus maestros. Lutero, que como ya os he insinuado en la lección segunda, fue un apóstata; después de haberse casado con una monja, tuvo por primeros discípulos a Carlostadt, Melanchton, Lanje y otros semejantes, todos la flor de la harina, como suele decirse. Carlostadt fue apóstata, y como Melanchton, fue un hipócrita, cruel, impostor, blasfemo, entregado a la astrología judiciaria. Lanje fue ex-fraile como Lutero y se casó: así de los demás.
P. ¿Quiénes han sido los primeros discípulos de Zwinglio?
R. El más célebre fue Ecolampadio, que, después de haber sido monje, tomó por esposa una religiosa, y después de haber extendido la herejía por una gran parte de la Suiza, fue hallado muerto al lado de su pretendida mujer.
P. ¿Quiénes fueron los primeros discípulos de Calvino?
R. Fueron Bucero y Beza. El primero fue exfraile, y según costumbre de los suyos, se casó: fue sectario, en diversos tiempos, según le tenia más cuenta, ora de Lutero, ora de Calvino, ora de Zwinglio, y propagador de las más infames doctrinas. En cuanto a Beza, fue un disoluto público, que puso en verso sus torpezas para pervertir a la juventud. Fue además un impostor y un falsificador descarado de la Biblia.
P. Los que siguieron, ¿fueron mejores?
R. No por cierto, sino que fueron en su mayor parte j ente ávida de mujeres, de robos y de empíeos en la nueva secta. Casi todos acabaron mal como sus maestros; quien murió de remordimientos; quien en la desesperación; quien se mató a sí mismo, después de una vida más o menos miserable y perdida.
P. Habéis dicho que estos discípulos acabaron como sus maestros: ¿cuál fue pues el fin de estos últimos?
R. Su fin fue el más infeliz, cual convenía a los enemigos de Dios y de la Iglesia. Lutero, después de haber pasado el último di a de su vida en Islebia, su patria, en un gran banquete entre bufonadas y risotadas, fue por la tarde atacado de una apoplejía y murió impenitente en breves horas. Zwinglio, después de haber profetizado la victoria a los suyos en una batalla que tuvieron con los católicos, fue, en la derrota que sufrieron los herejes, herido mortal mente, y acabó sus di as en la impenitencia sobre el campo de batalla. Calvino, por último, murió desesperado, blasfemando e invocando al diablo, víctima de una enfermedad vergonzosa, roído de gusanos.
P. No ha sido, pues, mui noble la primera cuna del protestantismo.
R. ¡Figuraos! Ha sido la de un rebano de Epicuro bajo todos respectos. Los protestantes de cualquier color y generación habrán de avergonzarse siempre, cuando vuelvan los ojos y el pensamiento a sus primeros apóstoles.
P. ¿Y son verdaderas las cosas que me habéis contado?
R. Y lo son tanto, que, por no dar en la exageración, me he quedado corto; mucho más feo es el cuadro que del protestantismo primitivo ha dejado la historia; y además, habéis de saber, que todo esto se halla referido, no solo por los católicos, sino aun por protestantes mismos; ni se puede poner en duda, ni mucho menos negarse por cualquiera que haya leido los anales de la mal llamada Reforma (a).

LECCION V.

DE COMO SE ESTABLECIO EL PROTESTANTISMO.

P. ¿Pero, señor, cómo una doctrina y una práctica tan infame pudo difundirse y establecerse en tan gran parte de Europa?
R. La cosa es mui fácil de explicar. La religión de los turcos se estableció también mui pronto en muchos países. Una secta como la de los protestantes, que favorece tan poderosamente las pasiones, encontró rápidamente en todas las ciudades, villas y aldeas, hombres prontos para abrazarla con avidez, esto es, todos los malvados que, como sabéis, siempre abundan. Además, los humanistas vanos, formados por una literatura superficial, ávidos de gloria y no pudiendo soportar el freno de la Religión, queriendo por otra parte, con la cabeza vacía, echarla de teólogos, engrosaron también las filas de los rebeldes en un siglo en que todo el mundo aspiraba a las novedades.
P. ¿Todos estos, sin embargo, no hubieron sido bastantes para establecer el protestantismo en tantos pueblos sin el concurso délos Príncipes y Señores?
R. Es muy cierto, y con efecto muchos Príncipes y Señores fueron atraídos a su partido.
P. ¿Y cómo?
R. De varios modos: una gran parte fue seducida por la sed de las riquezas eclesiásticas, de las cuales querían apoderarse. El oro, la plata, las alhajas de las sacristías y los ornamentos sagrados, fueron para muchos Príncipes la única razón que les convirtió al protestantismo: otra gran parte fue seducida por la libertad de vivir que les concedía el nuevo Evangelio, el cual echaba por berra la abstinencia, el ayuno y toda mortificación de la carne. Y con efecto, los primeros que entre los Señores y Príncipes favorecieron la pretendida reforma, los unos estaban entregados a la glotonería, a la embriaguez, y al libertinaje, especialmente en la Alemania. Los ministros protestantes permitieron a algunos Príncipes casarse por segunda vez, viviendo todavía la primera mujer. Una gran parte fue atraída a la nueva secta por el deseo del Patronato que se les concedía en las cosas espirituales, y por el de dominar, no menos sobre los cuerpos, que sobre el alma y conciencia de sus súbditos.
P. ¿Cómo obraron los Príncipes y los Señores para hacer que sus súbditos abrazasen el Evangelio puro?
R. Permitieron desde un principio la libertad de conciencia y la tolerancia de opiniónes, y luego favorecieron a sus ministros bajo todos aspectos, dejándoles predicar y construir templos, y blasfemar en ellos contra la Religión Católica y el Papa: después oprimieron y desterraron como imprudentes a los Pastores y a los eclesiásticos celosos que se oponían a la novedad que trataba de introducirse; ocultamente favorecieron las demostraciones con las cuales los novadores trataban de intimidar a los buenos, impedir la predicación de la fe católica, e interrumpir las funciones del culto público; tacharon de oscurantismo y de enemigos del progreso y de las luces a los que permanecían firmes en la Religión de sus mayores. Cuando, finalmente, por todos estos medios se hubo engrosado bastante el partido hasta el punto de no haber a quien temer, entonces se quitaron la máscara bajo la cual habían fingido hasta entonces ser defensores del Catolicismo, y recurrieron a las armas de Mahoma, esto es, a persecuciones de toda clase.
P. ¿Cómo fueron inducidos los Príncipes renitentes a abrazar el puro Evangelio, o sea el protestantismo?
R. A fuerza de amenazas y de rebeliones. Los hombres malos son siempre y en todos lugares más osados, más activos y emprendedores que los buenos. Todos los medios para ellos son buenos, con tal que conduzcan al fin que se proponen. Generalmente son todos arrojados y atrevidos; mui unidos entre sí, empiezan a promover tumultos, y a amenazar y matar, si es menester, a traición, a aquellos de que tienen más que temer; exageran su número y sus fuerzas para sembrar la inquietud y el espanto. De esta clase son todos los que han abierto el camino al protestantismo; promovieron sediciones contra los Príncipes renitentes, y aun se rebelaron abiertamente contra ellos. En cualquiera parte donde han prevalecido tales facciones, los Príncipes buenos tuvieron que apelar a la fuga; en los puntos donde han sido reprimidos los protestantes, exclamaron que esto era una intolerancia, una violencia de los derechosde la conciencia, y de la convicción propia hasta llegar a obtener concesiones y tolerancia en diferentes Estados. Entre tanto, iban aguardando tiempos más a propósito para repetir sus tentativas.
P. De aquí se seguiría que el Evangelio puro 0 la Reforma se habría extendido en todas partes por el dolo y la fuerza.
R. Puntualmente ha sucedido así; ¿y cómo podría ser de otra manera? En ningún país ha dominado ni se ha establecido de otro modo; y pueden desafiarse los protestantes de cualquier secta o raza a que nos prueben que no haya sucedido así en país alguno en donde antes existiese el Catolicismo.
P. ¿Pero qué hacía entonces la gente de bien?
R. Hacia entonces lo que hace ahora. Los hombres de bien pueden distribuirse en varias clases y categorías. Unos se llaman buenos porque no lo son para nada, esto es, porque son ineptos; otros se llaman tales, porque son indiferentes al bien y al mal, con tal de que nadie los importune, son egoístas; otros porque dicen ser prudentes, pero prudentes según la carne, es decir, que viven en una culpable apatía; otros en fin son verdaderamente buenos, esto es, celosos por la religión y el bien público; pero su acción es frecuentemente sofocada por los gritos de los prudentes carnales que los tildan de indiscretos, perturbadores y poseídos de un falso celo. Entre tanto, los malvados hacen su Agosto, como suele decirse* andan siempre ganando terreno; y cuando todo lo han trastornado, entonces toda la gente de bien llora y gime, pero demasiado tarde,
P. ¿Por lo visto, el Evangelio o el protestantismo no ha sido propagado como el Cristianismo o -el verdadero Evangelio de Jesucristo?
R. No por cierto: el Evangelio de Jesucristo o sea el Cristianismo, es una religión divina venida del Cielo, y por esto debía ser propagada de un modo digno de Dios. Al revés, el Evangelio puro es una religión carnal, terrena, puramente humana, y por esto no podía propagarse sino por medios carnales, terrenos y humanos. Y así igualmente no puede sostenerse sino con apoyos terrenos, y cuando estos faltan el protestantismo se viene a tierra.
P. ¿Serán, pues, todos los protestantes malos y revoltosos?
R. No: sería una falsedad y una calumnia el decirlo. No porque una planta mala pueda dar frutos buenos, sino porque muchos protestantes, esto es, la clase más numerosa del pueblo, se encontró como envuelta en el torbellino sin pensarlo ni quererlo. Asi es que gran parte de estas masas populares, compuesta especialmente de artistas, ciudadanos pacíficos, y aldeanos que jamás supieron lo que era este nuevo Evangelio o Iglesia que se les presentaba como reformada, siguieron de buena fe y como tradicionalmente conservando el fondo y la doctrina católica; y estos son sin duda alguna los que han conservado cierta probidad en medio del protestantismo, porque ignoran sus doctrinas corruptoras..

 


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